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PREFIERO SUGERIR QUE DAR
LA BRASA
¿CRÍTICA SOCIAL EN ESTA NOVELUCHA?
Cuando afirmo con alguna
alegría que en Los Lobos de la Luna
hay ciertas dosis de "crítica social" soy a medias
generoso conmigo mismo y a medias inexacto. Algunos lectores
me han dicho "¿y dónde está exactamente, que
yo no la he visto?"... y no les falta razón.
En fin, ¿hay o no hay crítica
social en mi novela? Sí... pero está bastante oculta.
O disimulada. Y lo que es más importante, alejada de la trama principal.
Digamos que forma parte del decorado, a excepción de las
constantes referencias al egoismo de todos los personajes, para
mí, el tema central de la novela desencadena los principales
conflictos y determina el "mensaje" final: satisfacer las ambiciones
personales a cualquier precio solo reporta beneficios materiales,
nunca auténtica satisfacción y menos felicidad. Tal
es mi opinión y así la he expresado en mi obra... de forma
indirecta, odio el "discursivismo" y las moralejas.
Sin embargo, cuando me refiero a crítica
social hablo más bien de cuestiones, eso, sociales. Y aunque formen
parte del decorado están por todas partes no dejo
títere con cabeza, disparo a todo lo que se mueve.
A menudo son simples apuntes o pinceladas; otras veces, descripciones
algo más largas o profundas. En cualquier caso, su objetivo
es siempre no interferir en la trama (no "cortarla" para
que nos entendamos) y, si acaso, servir de materia de reflexión
al lector interesado en tales temas. Por lo general,
son comentarios irónicos cuando no cínicos,
trufados de un humor más bien negro, siempre breves, camuflados
en medio de la acción y soltados como de pasada; de ahí
que muchos lectores ni hayan reparado en ellos. He aquí
una suscinta relación de los más interesantes y su significado
crítico, para los que no captan las sutilezas:
«Al principio el depósito
municipal de desperdicios distaba muchos kilómetros de la metrópoli,
pero sucesivas e incontroladas ampliaciones hechas a golpe de pelotazo
urbanístico...» [pag. 15]
Sigue así varias líneas. Muchos políticos
y constructores no hacen gala de una honradez acrisolada... ¡Vale!
¡No es un buen ejemplo de sutileza!
La escena en que Rita ve un telediario
muestra a las claras mi opinión sobre los males actuales del
periodismo:
«Con estas dos nuevas víctimas decía
el presentador, mirando a la cámara con gesto grave. Después,
cuando presentara las noticias culturales, su gesto también sería
adecuadamente "ligero", son ya tres las personas que han
muerto despedazadas por un animal salvaje...
La joven reportera no pudo dejar de notar cómo remarcaba con morbosa
delectación las palabras más adecuadas para excitar los
bajos instintos de la audiencia.
Los ciudadanos están alarmados continuó el locutor.
Los escalofriantes detalles (
) han conmocionado a la opinión
pública. La pregunta que nos hacemos todos es: ¿qué
se esconde tras esta macabra sucesión de sangrientos asesinatos?»
[pag. 71]
Banalización de las noticias, venderlas como si fueran
chorizos, morbo, manipulación, corporativismo, ¿tengo
que seguir? Este tipo de cosas acabarán con el periodismo serio...
si no lo han hecho ya.
Descripción del restaurante
"Pizzo" donde comen Rita y Leo:
«Encargaron la comida y se refugiaron en uno de los discretos
reservados que todos los locales pertenecientes a la famosa franquicia
de comida rápida más o menos "italiana" tenían
al fondo, para las parejas, una de las razones de su desmesurado éxito.
Mientras daban buena cuenta de unos espagueti carbonara 'especialidad
de la casa' que hubieran hecho llorar de vergüenza a cualquier mamma...»
[pag. 187]
Eso es lo que pienso de la comida rápida.
«Apenas eran las siete, demasiado
temprano para que los adictos al sexo de pago acudieran en tropel en busca
de su ración de amor cronometrado. Sólo media docena de
tipos deambulaban por la zona intentando cerrar sórdidos acuerdos.
El veterano detective observó con disgusto que casi todos se parecían
mucho a él: hombres de mediana edad con la espalda encorvada y
ojos cansados de mirada huidiza.» [pag. 194]
Una visión alternativa del dudoso placer de ir de putas.
Los pudientes tampoco se libran
de más de una carga de profundidad:
«Las escasas féminas presentes sólo pertenecían
a dos categorías: viejas arpías cargadas de joyas o extrañas
jóvenes de mirada fija y pupilas dilatadas, en ambos casos envueltas
en ropa de alta costura y chorreando millones desde el peinado hasta los
zapatos. (...) Y la mayoría de los hombres también pertenecía
a la élite social de Ciudad de la Bahía. La crème
de la crème. Nada de colgados, juerguistas o playboys esta noche,
gracias. Sólo idiotas con más dinero que cerebro o principios.
La observadora periodista catalogó a los invitados con precisión
quirúrgica: ricos, ociosos, pervertidos, ludópatas. Al menos
tres de las cuatro cosas.» [pag. 238]
«No dejaba de ser sorprendente el descarado cariz comercial de
la velada (..) esta vez no había más que apuestas y espectáculo.
Negocio puro y duro, lucrativo circo posmoderno para mirones sádicos
y magnates ociosos. Un poco de sangre, violencia y juego ilegal para los
ricos de Ciudad de la Bahía en su pequeño paseo por el lado
salvaje esta noche, por favor; mañana volverán a ser ciudadanos
respetables.» [pag. 244]

Curiosamente los alegatos más
duros contra nuestra sociedad actual provienen de los discursos
de Tigre, no por tendenciosos menos veraces o agudos. Valgan de ejemplo
estos dos:
«¿Creéis que la sociedad en la que vivimos
es sana? La mitad de la población está obesa y la otra mitad
anoréxica, los psicofármacos se venden y consumen como caramelos,
y todo Dios depende de miles de artilugios tecnológicos cuya única
utilidad real es impedir a sus usuarios pensar, con el objeto de hacerlos
cada día más dóciles, blandos y conformistas.»
[pag. 103]
«Aprietas un botón y ¡zas!, luz. Aprietas
otro... ¡zas!, calor. (
) ¡La poderosa magia del hombre
moderno! Pero, ¿y si no funciona? ¿Y si aprietas y no ocurre
nada? Qué miedo, ¿verdad? (
) ¡Esta sociedad
está enferma! Hay que volver a la esencia: la ley de la selva,
luchar sólo con nuestras propias manos. ¡Es trágico
pensar que millones morirían en cuestión de días
si dejase de salir energía de los putos enchufes!» [pags.
233 y 234]
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