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LOS LOBOS DE LA LUNA/ 03

información para comprar una novela firmada y dedicada

Resumen de la trama, contenido. ENLACES a los 6 fragmentos descargables.
Mi estilo literario. Artículo: LA PENETRACIÓN PSICOLÓGICA Y OTRAS VIOLACIONES.

Localista vs general. Lista provisional de GAZAPOS.
Esquemas, planos y dibujos de los escenarios. ¿Cuándo son necesarios? LA MINUCIOSIDAD Y OTROS VICIOS. Descripción precisa y detalles poderosos.
¿Personajes tópicos o memorables? La ambigüedad moral de los protagonistas. Dos dibujos de Tigre. Fichas de los personajes.
Mi método para construir historias. Planificar o improvisar, he ahí la cuestión. Como si fuera una película. Tramas, subtramas y otras puñaladas al mito de la inspiración.
Tramas complementarias. ALGO MÁS QUE UNA AVENTURA EMOCIONANTE. Escenas desechadas. Anécdota sobre el epílogo.
¿Crítica social en esta novelucha? Fragmentos de muestra.
El Departamento de Marketing de Los Lobos. GRITA MÁS QUE NO TE OIGO. Títulos y textos promocionales alternativos, portadas desechadas, bocetos y otras curiosidades.

 

En las próximas páginas os hablaré sobre la ambientación de mi novela, los escenarios donde se desarrolla, sus personajes, cómo me documenté, la preparación previa y muchas otras curiosidades.

SERVICIO DE "DOCUMENTACIÓN"
LOS DETALLES Y LA VEROSIMILITUD

¿Existe la ciudad que aparece en Los Lobos de la Luna? De no ser así, ¿estaba pensando en alguna en concreto al describirla? ¿Hay ciencia ficción en mi novela? ¿Es verosímil lo que cuento? ¿Dónde se desarrolla la acción? ¿Y cuándo, ya de paso?

Algunos lectores me han planteado estas y otras preguntas después de leer el libro. Intentaré darles respuesta y al mismo tiempo explicar las razones de determinadas decisiones artísticas que más de uno me ha señalado como "fallos", apreciación con la que no estoy de acuerdo, naturalmente. Quienes no han leído todavía Los Lobos de la Luna pueden estar tranquilos: no desvelaré nada importante de su trama o resolución. ¡No soy idiota! Al menos, no tanto.

Imagen nocturna de un vertedero sospechosamente parecido al que describo en mi novela. Haz clic para ampliar la foto.

Vaya por delante que nada en mi novela es casual o un "error" inadvertido. Fallos de estilo o pequeños gazapos al margen, cada detalle está perfectamente estudiado, responde a un propósito concreto y es fruto de una decisión consciente y bien meditada.

Para empezar: lo siento, Ciudad de la Bahía no existe. Y lo que es peor, no estaba pensando en ninguna metrópoli determinada para describirla. Ni en ningún país, lugar o tiempo concretos. De hecho, me propuse como ejercicio de estilo intentar mencionar el menor número posible de marcas, objetos, instituciones o lugares reales que pudieran servir de referencia, inventándolos en ocasiones —furgoneta Sébax, restaurante Pizzo, premio Mortem, Superpol— y utilizando expresiones genéricas la mayor parte de las veces: Parque Central, Zoo Municipal, árbol, dinero, pistola…

¿Que por qué tanto esfuerzo? Más de lo mismo: militancia consciente. Personalmente me revientan los escritores que se dedican a describir con todo lujo de detalles los objetos que aparecen en sus novelas, venga o no venga a cuento. En esto, además, cada uno tiene sus vicios. Enid Blyton especificaba hasta la nausea cada migaja de pan que se metían entre pecho y espalda los famosos Cinco —a la hora de comer parecían diez—; a otros les da por contarnos que "los rododendros en flor, mecidos por el suave abrazo del mistral, se cernían amorosos sobre los arbustos mimosáceos" para decir que el viento movía los árboles; los hay expertos en coches, en armas, en aviones, en naranjas... Los especialistas en armamento son particularmente irritantes. ¡Hay tantas armas que describir!

Rambu aferró con satisfacción los mandos del Black Phantom 727 <léase "7-2-7">. Cuatro ametralladoras KillCom calibre 28 capaces de disparar ochocientos mil disparos por nanosegundo dotadas de auto-recarga Instant Replay™ y control de retroceso NoPlast <también ™, claro>. Dos cañones FireDoom cargados cada uno de ellos con una batería completa de letales misiles DieDog tierra-aire, tierra-tierra y tierra-trágame, suficiente para arrasar por completo una ciudad del tamaño de Pittsburgh <imprescindible escoger siempre ciudades de nombre sonoro cuyo tamaño no conoce nadie>. Con una feroz sonrisa elevó el morro en forma de tiburón de la poderosa aeronave haciendo desaparecer instantáneamente 80.000 litros de queroseno dentro de sus potentes motores BurnHell™ y se cernió sobre el enemigo. ¡Ahora se iban a enterar aquellos jodidos comunistas!

¿Realmente aporta algo un párrafo como este? Incluso suponiendo que todos los detalles supuestamente técnicos que me he inventado fueran ciertos, quiero decir.

Que esa es otra. ¡Anda que no se les cuelan gazapos a todos esos listillos! Pistolas que disparan más balas de las que caben en la recámara del modelo descrito, vehículos diésel que se quedan sin gasolina… No se puede ser un experto en todo y tocando de oído es normal meter la pata de vez en cuando, o todo el rato. ¿Qué importa? Sólo se dan cuenta cuatro expertos y los demás quedan TAN impresionados…

Hay narraciones en las cuales los detalles más o menos técnicos proceden. Sería absurdo escribir una novela sobre abogados sin entender nada de leyes, sobre carreras automovilísticas sin tener conocimientos de mecánica o sobre política internacional sin mencionar países, gobernantes e instituciones. ¡Pero en muchos otros casos no es realmente necesario! Es más, a menudo tantos detalles estorban y no aportan nada a la trama. Y por favor no volvamos a lo de los Beatles y la ópera —ver artículo EL ARTE Y EL HARTO—. No estoy diciendo que TODAS las novelas tengan que renunciar al detallismo técnico en aras de la agilidad narrativa, sólo que muchas veces es cargante, exhibicionista e innecesario.

En Los Lobos de la Luna opté por la arriesgada decisión de no utilizar en ningún momento referencias locales o temporales concretas. Nunca se menciona en qué país viven los protagonistas y evito cuidadosamente todo detalle delator: moneda, moda, arquitectura o vehículos. Si tengo que hablar de dinero digo eso, dinero o billetes, en vez de euros o dólares. Aunque los nombres de muchos personajes tengan un aspecto más o menos anglosajón que parece dar a entender que estamos en Norteamérica —no puedo negar cierta colonización cultural, mi pseudónimo me delata—, lo cierto es que utilizo nombres y apellidos de todo tipo: irlandeses (O'Neal), españoles (Delgado, Alfredo), italianos (Carrera, Falconetti), griegos (Terapoulos), franceses (René), árabes (Aixa, Hassan), asiáticos… ¡Por ahí no vais a pillarme!

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