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En esta segunda
página hablaré un poco sobre el estilo que he utilizado
para escribir mi primera obra y la razón de algunas decisiones
"artísticas" que tomé al respecto, en particular
el escaso uso de uno de los recursos narrativos más comunes
en la novela contemporánea: la penetración psicológica.
Este
artículo define mi postura bastante bien:
LA
PENETRACIÓN PSICOLÓGICA Y OTRAS VIOLACIONES
por Frank Quasar
Soy un gran aficionado al
cine, a la literatura
y al cómic, el cual podríamos
catalogar como una forma artística intermedia entre las dos anteriores.
Me encantan las novelas introspectivas aquellas que reflejan
los pensamientos y motivaciones de los personajes, o al menos los de uno
de ellos, el narrador, pero personalmente prefiero el método
narrativo que utiliza el cine.

En
su afán por "ponernos en el lugar de los personajes" muchos
novelistas abusan del recurso de penetrar en la psicología de los mismos,
en un acto que tiene bastante de exhibicionismo mira qué capacidad
tengo para leer mentes ajenas y que a menudo resulta innecesario,
discursivo y escasamente emocionante. ¿De verdad necesitamos saber
tanto de ellos? La respuesta
está en el cine. En la mayoría de las películas no tenemos
acceso a los pensamientos de los personajes salvo en aquellas que utilizan
la narración en off, recurso considerado con razón "poco
cinematográfico" y que rara vez funciona bien y, sin embargo,
la mayoría de espectadores entiende la historia sin problemas, especialmente
si hablamos de cine clásico. Y lo que es más sorprendente: la
psicología de los personajes queda igual de clara. ¿Cómo
es esto posible? Pues
porque que hay cientos de recursos narrativos propios del cine que lo permiten:
los gestos y actitud de los actores, el empleo de la música y
la puesta en escena iluminación, encuadre, elección de
la ropa, colores, objetos, etc., la dirección, el montaje y, por
supuesto, lo que dicen, es decir, el guión. Todo ello matiza y caracteriza
a los personajes de manera tanto más eficaz cuanto que es indirecta
y exige un esfuerzo por parte de los autores de la película
y
de los espectadores. ¡Y eso es lo importante! No es igual descubrir las
cosas por uno mismo a que te den las respuestas. El placer o satisfacción
es superior; el tiempo que recuerdas la información, mayor. Dicho en palabras
técnicas: lo que se obtiene con facilidad no vale una mierda. O
al menos no lo apreciamos una mierda, como todo el mundo sabe. Mostrar
los pensamientos de los personajes ya sea con una voz en off en
una película, dentro de un bocadillo en un cómic o transcribiéndolos
en una novela siempre es el recurso más fácil, pero
no necesariamente la mejor alternativa para contar una historia. En la vida real
no tenemos acceso a esa información.
Fin del artículo.
Todo este rollo para "justificar"
que en Los Lobos de la Luna he intentado
no utilizar, salvo en contadas ocasiones, la penetración psicológica,
recurriendo para matizar a los personajes a trucos similares a los utilizados
en el cine y dejando al lector el trabajo de deducir por sí mismo
cuáles son sus motivaciones. No es que tenga que adivinarlas
la mayor parte de las veces quedan claras por sus acciones y diálogos,
pero siempre he procurado dejar cierto grado de ambigüedad
como en la vida real. ¿Está Rita enamorada de Leo o sólo
le utiliza? ¿Le importa más a Delgado su carrera que
la amistad de su compañero?
En cierta manera, ni yo
mismo podría responder con seguridad a esas u otras cuestiones,
aunque tengo mi opinión, por supuesto risas. Las respuestas
son muy opinables, dependen sobre todo del punto de vista de cada uno.
Además, las valoraciones morales sobre los protagonistas de la
novela no influyen en el desarrollo de la trama policiaca y, por
lo que respecta a ésta, todas las claves están en el texto.
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