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LOS LOBOS DE LA LUNA/ 02

información para comprar una novela firmada y dedicada

Resumen de la trama, contenido. ENLACES a los 6 fragmentos descargables.

Ambientación y escenarios: inventando lugares que no existen, pero nos son familiares. LOS DETALLES Y LA VEROSIMILITUD. Por qué no me gustan las descripciones técnicas.
Localista vs general. Lista provisional de GAZAPOS.
Esquemas, planos y dibujos de los escenarios. ¿Cuándo son necesarios? LA MINUCIOSIDAD Y OTROS VICIOS. Descripción precisa y detalles poderosos.
¿Personajes tópicos o memorables? La ambigüedad moral de los protagonistas. Dos dibujos de Tigre. Fichas de los personajes.
Mi método para construir historias. Planificar o improvisar, he ahí la cuestión. Como si fuera una película. Tramas, subtramas y otras puñaladas al mito de la inspiración.
Tramas complementarias. ALGO MÁS QUE UNA AVENTURA EMOCIONANTE. Escenas desechadas. Anécdota sobre el epílogo.
¿Crítica social en esta novelucha? Fragmentos de muestra.
El Departamento de Marketing de Los Lobos. GRITA MÁS QUE NO TE OIGO. Títulos y textos promocionales alternativos, portadas desechadas, bocetos y otras curiosidades.

 

En esta segunda página hablaré un poco sobre el estilo que he utilizado para escribir mi primera obra y la razón de algunas decisiones "artísticas" que tomé al respecto, en particular el escaso uso de uno de los recursos narrativos más comunes en la novela contemporánea: la penetración psicológica.

Este artículo define mi postura bastante bien:

LA PENETRACIÓN PSICOLÓGICA Y OTRAS VIOLACIONES
por Frank Quasar

Soy un gran aficionado al cine, a la literatura… y al cómic, el cual podríamos catalogar como una forma artística intermedia entre las dos anteriores. Me encantan las novelas introspectivas —aquellas que reflejan los pensamientos y motivaciones de los personajes, o al menos los de uno de ellos, el narrador—, pero personalmente prefiero el método narrativo que utiliza el cine.

En  LOS LOBOS DE LA LUNA es más importante la "atmósfera" que la vida interior de los personajes. En la imagen, sombras en la niebla.

En su afán por "ponernos en el lugar de los personajes" muchos novelistas abusan del recurso de penetrar en la psicología de los mismos, en un acto que tiene bastante de exhibicionismo —mira qué capacidad tengo para leer mentes ajenas— y que a menudo resulta innecesario, discursivo y escasamente emocionante. ¿De verdad necesitamos saber tanto de ellos?

La respuesta está en el cine. En la mayoría de las películas no tenemos acceso a los pensamientos de los personajes —salvo en aquellas que utilizan la narración en off, recurso considerado con razón "poco cinematográfico" y que rara vez funciona bien— y, sin embargo, la mayoría de espectadores entiende la historia sin problemas, especialmente si hablamos de cine clásico. Y lo que es más sorprendente: la psicología de los personajes queda igual de clara. ¿Cómo es esto posible?

Pues porque que hay cientos de recursos narrativos propios del cine que lo permiten: los gestos y actitud de los actores, el empleo de la música y la puesta en escena —iluminación, encuadre, elección de la ropa, colores, objetos, etc.—, la dirección, el montaje y, por supuesto, lo que dicen, es decir, el guión. Todo ello matiza y caracteriza a los personajes de manera tanto más eficaz cuanto que es indirecta y exige un esfuerzo por parte de los autores de la película… y de los espectadores. ¡Y eso es lo importante! No es igual descubrir las cosas por uno mismo a que te den las respuestas. El placer o satisfacción es superior; el tiempo que recuerdas la información, mayor. Dicho en palabras técnicas: lo que se obtiene con facilidad no vale una mierda. O al menos no lo apreciamos una mierda, como todo el mundo sabe.

Mostrar los pensamientos de los personajes —ya sea con una voz en off en una película, dentro de un bocadillo en un cómic o transcribiéndolos en una novela— siempre es el recurso más fácil, pero no necesariamente la mejor alternativa para contar una historia. En la vida real no tenemos acceso a esa información.

Fin del artículo.

Todo este rollo para "justificar" que en Los Lobos de la Luna he intentado no utilizar, salvo en contadas ocasiones, la penetración psicológica, recurriendo para matizar a los personajes a trucos similares a los utilizados en el cine y dejando al lector el trabajo de deducir por sí mismo cuáles son sus motivaciones. No es que tenga que adivinarlas —la mayor parte de las veces quedan claras por sus acciones y diálogos—, pero siempre he procurado dejar cierto grado de ambigüedad… como en la vida real. ¿Está Rita enamorada de Leo o sólo le utiliza? ¿Le importa más a Delgado su carrera que la amistad de su compañero?

En cierta manera, ni yo mismo podría responder con seguridad a esas u otras cuestiones, aunque tengo mi opinión, por supuesto —risas—. Las respuestas son muy opinables, dependen sobre todo del punto de vista de cada uno. Además, las valoraciones morales sobre los protagonistas de la novela no influyen en el desarrollo de la trama policiaca y, por lo que respecta a ésta, todas las claves están en el texto.

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