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En principio sólo iba a dedicar
dos páginas a mi ¡ejem! modesta persona,
pero ahora que mi novela lleva un tiempo a la venta y diversos
lectores han coincidido en señalarme, con mayor o menor sutileza,
los mismos supuestos defectos de la misma, me siento "obligado"
a aclarar algunas cuestiones y defender mi postura.
Me han "atizado por todos lados"
por declarar a priori mi intención de ser "comercial"
y renunciar a utilizar la penetración psicológica o
adornar mi prosa en aras a una mayor agilidad narrativa y un
estilo sobrio y contundente que creo es el que mejor "pega"
a la historia. Alguna gente ha entendido que con ello renunciaba
a toda pretensión artística y hasta me han sugerido
que debería haber hecho un cómic o el guión de una
película en vez de una novela. Yo no veo que una cosa esté
reñida con la otra: hay muchos tipos de arte. Para aclararlo,
nada mejor que un artículito, que así me enrollo menos.
EL ARTE
Y EL HARTO
por Frank Quasar
Con la literatura me pasa igual que con
el cine, la música o la pintura: mi cerebro es capaz de comprender
la superioridad artística de las obras complejas, pero mi
corazón se emociona más con las sencillas. A los críticos
y expertos les pasa lo contrario; no sólo se emocionan
más con las primeras (o eso dicen), sino que tienden a despreciar
las otras. Y a todos los que las prefieren, ya de paso.
Yo creo en el arte popular, aquel
que no necesita de amplios conocimientos previos para ser disfrutado;
el otro me tiene más bien harto. ¿Diez años
de estudios musicales para poder entender lo que entra por mis orejas?
No, gracias, paso. No discuto la supremacía artística de
la ópera respecto a, pongamos, una canción de los Beatles;
pero la capacidad de emocionar a millones de personas de todo tipo
de edad, sexo o nivel cultural en tan sólo 2 ó 3 minutos
también tiene un valor. Al escribir Los
Lobos de la Luna he escogido un estilo
y tomado ciertas decisiones "artísticas" consecuentes
con el mismo; nunca pretendí hacer una ópera. Y creo que
me ha salido un rock'n'roll bastante apañado... lo cual era exactamente
mi propósito.
¿Quiere decir esto que mi novela
o las canciones de los Beatles no tienen ningún valor artístico?
El simple hecho de que haya escogido al cuarteto de Liverpool para el
ejemplo musical ya aclara mi punto de vista, puesto que es uno de los
grupos más prestigiosos de la historia del pop. Que "Yesterday"
o "Help!" no puedan compararse a "La traviata" en
estructura, complejidad o alcance emocional no las invalida como obras
de arte. Simplemente es otro tipo de arte, más sencillo y asequible.
No todos los lectores disfrutan únicamente con la literatura de
calité, a muchos nos gusta el rock. Yo siempre he preferido
a H. G. Wells, Issac Asimov, Frederick Forsyth, Arthur Conan Doyle o Henry
Rider Haggard a, digamos, Francisco Umbral o James Joyce. Cuestión
de gustos y paladares.
¿Y en qué se traduce todo
eso cuando hablamos de comercialidad? ¿Falta de calidad, de
complejidad? ¿De palabros complicados en el caso de
una novela? ¡Para nada! El truco se llama niveles de lectura
y está inventado desde hace siglos: en lugar de partir de una estructura
compleja y árida que desanime de entrada a los profanos, se "carga"
la historia a contar en un vehículo ligero, entretenido y emocionante
primer nivel de lectura capaz de atraer por sí solo
la atención del público. La diferencia entre una
obra "comercial" con varios niveles de lectura y otra con sólo
uno, no se percibe a primera vista
pero existe. La primera
permanece en la memoria y puede ser disfrutada muchas veces a lo largo
del tiempo, descubriendo siempre en ella nuevos matices que antes nos
habían pasado desapercibidos; la segunda se olvida de inmediato.
Otros niveles de lectura son: alegórico,
referencial, histórico, psicológico, estructural, matemático
Sirven para añadir complejidad a la historia sin hacerla
pesada, instruir sin dar lecciones y comunicar ideas sin
necesidad de aleccionar, entre otros muchos usos. ¡Caramba! ¡Esas
son también las características de las obras de arte complejas
o mayores! Pues sí, pero siempre sin los sins,
lo que a menudo no ocurre con aquellas. Esa es la principal diferencia.
La misma que hay entre un profesor bueno y uno malo.
Fin del artículo.
En resumen: comercialidad bien entendida
no equivale a falta de pretensiones artísticas. A mi entender,
la dualidad POPULAR/ELITISTA no se dirime en el terreno de la calidad,
sino única y exclusivamente en los aspectos formales.
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