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FRANK QUASAR/ 03

Frank Quasar en 2007

Algo sobre mi vida. FOTO.
Por qué escribo, qué opino de la literatura y otros desbarres.

Mi carrera literaria hasta ahora. Ambiciones futuras. El mito del hombre-lobo, de dónde saqué algunas ideas y otras anécdotas acerca de mi primera novela.

 

En principio sólo iba a dedicar dos páginas a mi —¡ejem!— modesta persona, pero ahora que mi novela lleva un tiempo a la venta y diversos lectores han coincidido en señalarme, con mayor o menor sutileza, los mismos supuestos defectos de la misma, me siento "obligado" a aclarar algunas cuestiones y defender mi postura.

Me han "atizado por todos lados" por declarar a priori mi intención de ser "comercial" y renunciar a utilizar la penetración psicológica o adornar mi prosa —en aras a una mayor agilidad narrativa y un estilo sobrio y contundente que creo es el que mejor "pega" a la historia—. Alguna gente ha entendido que con ello renunciaba a toda pretensión artística y hasta me han sugerido que debería haber hecho un cómic o el guión de una película en vez de una novela. Yo no veo que una cosa esté reñida con la otra: hay muchos tipos de arte. Para aclararlo, nada mejor que un artículito, que así me enrollo menos.

EL ARTE Y EL HARTO
por Frank Quasar

Con la literatura me pasa igual que con el cine, la música o la pintura: mi cerebro es capaz de comprender la superioridad artística de las obras complejas, pero mi corazón se emociona más con las sencillas. A los críticos y expertos les pasa lo contrario; no sólo se emocionan más con las primeras (o eso dicen), sino que tienden a despreciar las otras. Y a todos los que las prefieren, ya de paso.

Yo creo en el arte popular, aquel que no necesita de amplios conocimientos previos para ser disfrutado; el otro me tiene más bien harto. ¿Diez años de estudios musicales para poder entender lo que entra por mis orejas? No, gracias, paso. No discuto la supremacía artística de la ópera respecto a, pongamos, una canción de los Beatles; pero la capacidad de emocionar a millones de personas de todo tipo de edad, sexo o nivel cultural en tan sólo 2 ó 3 minutos también tiene un valor. Al escribir Los Lobos de la Luna he escogido un estilo y tomado ciertas decisiones "artísticas" consecuentes con el mismo; nunca pretendí hacer una ópera. Y creo que me ha salido un rock'n'roll bastante apañado... lo cual era exactamente mi propósito.

¿Quiere decir esto que mi novela o las canciones de los Beatles no tienen ningún valor artístico? El simple hecho de que haya escogido al cuarteto de Liverpool para el ejemplo musical ya aclara mi punto de vista, puesto que es uno de los grupos más prestigiosos de la historia del pop. Que "Yesterday" o "Help!" no puedan compararse a "La traviata" en estructura, complejidad o alcance emocional no las invalida como obras de arte. Simplemente es otro tipo de arte, más sencillo y asequible. No todos los lectores disfrutan únicamente con la literatura de calité, a muchos nos gusta el rock. Yo siempre he preferido a H. G. Wells, Issac Asimov, Frederick Forsyth, Arthur Conan Doyle o Henry Rider Haggard a, digamos, Francisco Umbral o James Joyce. Cuestión de gustos y paladares.

¿Y en qué se traduce todo eso cuando hablamos de comercialidad? ¿Falta de calidad, de complejidad? ¿De palabros complicados en el caso de una novela? ¡Para nada! El truco se llama niveles de lectura y está inventado desde hace siglos: en lugar de partir de una estructura compleja y árida que desanime de entrada a los profanos, se "carga" la historia a contar en un vehículo ligero, entretenido y emocionante —primer nivel de lectura— capaz de atraer por sí solo la atención del público. La diferencia entre una obra "comercial" con varios niveles de lectura y otra con sólo uno, no se percibe a primera vista… pero existe. La primera permanece en la memoria y puede ser disfrutada muchas veces a lo largo del tiempo, descubriendo siempre en ella nuevos matices que antes nos habían pasado desapercibidos; la segunda se olvida de inmediato.

Otros niveles de lectura son: alegórico, referencial, histórico, psicológico, estructural, matemático… Sirven para añadir complejidad a la historia sin hacerla pesada, instruir sin dar lecciones y comunicar ideas sin necesidad de aleccionar, entre otros muchos usos. ¡Caramba! ¡Esas son también las características de las obras de arte complejas o mayores! Pues sí, pero siempre sin los sins, lo que a menudo no ocurre con aquellas. Esa es la principal diferencia. La misma que hay entre un profesor bueno y uno malo.

Fin del artículo.

En resumen: comercialidad bien entendida no equivale a falta de pretensiones artísticas. A mi entender, la dualidad POPULAR/ELITISTA no se dirime en el terreno de la calidad, sino única y exclusivamente en los aspectos formales.

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