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Bueno, ya sabéis algo más
de mí. Ahora vamos al grano. Porque, claro, te preguntarás: si me he dedicado a tantas cosas y soy tan versátil... ¿por qué coño no me dio por escribir antes? ¿Acaso no quería ser escritor desde pequeño y todo eso? Pues la verdad es que no. De hecho, empecé a emborronar páginas hace apenas un par de años, por uno de esos absurdos desafíos personales que se busca uno mismo para no aburrirse si puede Dan Brown, yo también y una vez tuve terminada mi primera novela pensé beatíficamente «aquí hay pasta», ¡digo!, «seguro que le gusta mucha gente, mi deber es publicarla, aunque pierda dinero». Ja, ja, era broma. Cualquiera que conozca un poco el mercado editorial sabe que es muy difícil ganarse la vida con la literatura y más siendo un autor desconocido. ¿Por qué tanto esfuerzo entonces? No podría daros una explicación racional. Desde luego, me encantaría forrarme a vender libros nunca vienen mal un par de milloncejos, pero no es nada probable que eso ocurra ni se trata de mi principal objetivo. El asunto tiene más que ver con lo que dije antes: el desafío. Pensarlo, hacerlo... culminarlo. Por eso quiero llegar hasta el final y ver la novela publicada, por pocos ejemplares que venda. Supongo que también tiene algo que ver con la vanidad y, seguro, con el deseo de compartir con los demás el fruto de un proceso creativo tan árduo como solitario. ¡Os aseguro que estoy deseando recibir opiniones, incluso negativas! Es muy duro trabajar solo durante meses, primero perfilando la historia y los personajes y después puliendo cada palabra y cada pequeño detalle, sin saber si le va a interesar a alguien lo que estás haciendo con tanto esfuerzo. Ahora, vosotros tenéis la palabra. A mi forma de ver, la novela que he escrito no está mal. He trabajado en ella casi un año y personalmente me gusta, creo que tiene un valor. No digo que sea una obra maestra ni ninguna maravilla al fin y al cabo soy un escritor novato, seguro que tiene bastantes defectos, simplemente que vale la pena leerla: es entretenida y ligera, pero también cuenta algo interesante. Amo el cine y la literatura y el cómic, las canciones o cualquier otro medio de expresión artística como lo que son en esencia: vehículos para contar historias. Y eso es lo que me propuse hacer cuando me planteé escribir: contar historias. Nada de Agudos Retratos Psicológicos del Alma Humana o Fieles Recreaciones Históricas de una Época Turbulenta, sólo contar historias. Entretenidas, emocionantes, divertidas Historias que produzcan algún tipo de emoción en quienes las lean, que no dejen indiferente, que no aburran. Vale, también intentaré que tengan algún tipo de trasfondo, que enseñen algo, que hagan reflexionar, pero al modo clásico, ya casi olvidado: sin que se note mucho, con el "mensaje" discretamente empaquetado en el interior de un vehículo vibrante, emotivo y plagado de acción, intriga y ligereza. Odio la trascendencia y el "discursivismo", valga la palabreja. Prefiero la peor película de Hitchock que la mejor de Bergman, cuestión de gustos. Si consigo o no tan loable propósito, me lo tendréis que decir vosotros, amigos. Los Lobos de la Luna es mi primera novela y, como tal, un compendio de lo que acabo de decir. En principio, tiene todo el aspecto de ser una historia lineal y sencilla pero también encierra una ácida critica de la sociedad de consumo y las relaciones humanas. ¿Cómo? ¿Que no lo ves? ¡Fíjate bien! Estaré encantado de cartearme con cualquier lector sobre esto o cualquier otra cuestión. En la sección contactar encontraréis mi e-mail... y en la próxima página un divertido artículo defensivo que abunda un poco más en lo mismo: EL ARTE Y EL HARTO | |||||
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